martes, 22 de agosto de 2017
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< ver número completo: ¿Se ha terminado el estado del bienestar?
Redacción

 El origen del estado del bienestar y su futuro: un experimento

 

Antonio Cabrales.
Profesor de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid


Es bueno pensar en el origen del estado del bienestar para pensar en su futuro. En principio hay al menos dos teorías posibles. Una de ellas es que el estado del bienestar es una especie de contrato de seguro entre los miembros de la sociedad. Todos entendemos que a veces las cosas nos van mal por mala suerte. Y nos comprometemos a ayudar a los que lo pasan mal, en el bien entendido que si a nosotros nos pasa, también seremos ayudados.

 

Por ejemplo, si nos quedamos sin empleo, nos van a pagar un subsidio para mitigar las consecuencias de ese infortunio. Noten que un problema en este caso es que el esfuerzo que ponga el parado en la búsqueda de empleo tiene algún impacto en la probabilidad de conseguir empleo.

Pero hay otra teoría posible, que en su versión más descarnada asegura que el estado del bienestar existe porque hay mucha gente que se beneficia ahora mismo de quitarle rentas a los que tienen más, independientemente de la razón por las que cada uno tiene lo que tiene. Mitt Romney, en la campaña electoral americana, dijo: "Hay un 47 % que están con él (Barack Obama), que dependen del gobierno, que creen que son víctimas, que el gobierno tiene la responsabilidad de cuidar de ellos, que se les debe proveer de sanidad, comida, alojamiento o como lo quieran llamar. Tienen derecho a ello y el Gobierno se lo debe proveer y votarán al presidente".
Los pobres votan de manera casi unánime a favor de la redistribución
Las dos teorías tienen, nos parece, cierto mérito, y como es muy difícil saberlo simplemente preguntando a la gente decidimos hacer un experimento (que llevamos a cabo con estudiantes de la universitat Pompeu Fabra con Rosemarie Nagel) para averiguar cuál es mejor. En el experimento un grupo de nueve personas tiene que decidir si trabaja o si no trabaja. Cuando no trabaja, el individuo consigue una renta baja. Cuando trabaja, paga un coste idéntico para todo el mundo, y tiene una probabilidad de dos tercios de tener una renta alta, y una renta baja con un tercio de probabilidad. Una vez cada individuo observa si los esfuerzos dieron resultado, todo el grupo vota si quiere redistribuir la renta generada en el grupo o no. Si una mayoría vota a favor de la redistribución, ésta tiene lugar y la cantidad total conseguida por el grupo se distribuye a partes iguales. En caso contrario, cada individuo conserva el resultado de su esfuerzo individual. Este proceso se repite 50 veces.
Hay varios resultados teóricamente posibles, dependiendo de las expectativas. Imaginemos por un momento que los sujetos votan de manera estrictamente egoísta (à la Romney, vamos). Entonces se vota a favor de la redistribución si y solamente si se es pobre. En ese caso, si espero que todos los demás trabajen, lo más probable es que la mayoría sean ricos y voten contra la redistribución. Por tanto, mejor pago el coste de trabajar y si tengo mala suerte me aguanto. Pero si espero que la mayoría no trabaje, entonces votarán a favor de la redistribución y acabaré con lo mismo que los demás y mi esfuerzo no habrá servido para mucho, con lo que lo mejor es que no trabaje. El primer equilibrio, donde todos trabajan, es mejor que el segundo, pero en cuál estemos depende de lo que cada grupo espere que pase.

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