viernes, 24 de noviembre de 2017
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Héctor Maravall Gómez-Allende. Adjunto Secretaria General de la CSCCOO

Preguntarse por el futuro de la clase media, requiere clarificar qué entendemos por clase media. Si hoy hiciéramos una amplia encuesta a la población de nuestro país, la inmensa mayoría, especialmente en el ámbito urbano, se consideraría parte de la clase media. Hay razones de diversa índole para explicar esa generalizada auto-ubicación. Casi nadie se considera clase alta y a muy pocos les gusta reconocerse como clase baja.
 

Denominaciones más tradicionales, clase obrera, clase campesina, clase burguesa o clase dominante, tampoco parece que, al menos en una sociedad como la española, encajen con exactitud en la realidad actual.

En cualquier caso, bajo el concepto de clase media hay una gran diversidad de situaciones que sería muy poco riguroso tratar con el mismo rasero. Pensionistas, jóvenes parados, parados de larga duración de más de 50 años, rentistas, ejecutivos de grandes empresas, funcionarios cualificados, profesionales liberales, familias monoparentales, pequeños agricultores, etc. son algunos colectivos que tienen pocos aspectos en común.

Por ello no se puede responder de manera absoluta al interrogante de ¿a dónde van la clase media? Porque la respuesta más apropiada debería ser: "según y cómo".

Se ha producido un crecimiento de la riqueza

En mi opinión mucho más importante que la consideración subjetiva, sin duda no despreciable pero claramente insuficiente, de pertenecer a la clase media, es la condición socioeconómica de las personas. Y en este sentido hay que partir de dos procesos que hemos vivido en nuestro país en los últimos 35 años, que son claramente contradictorios.

Por una parte se ha producido un notabilísimo crecimiento de la riqueza de España, con un PIB y una renta per cápita que se ha multiplicado intensamente y que nos ha aproximado a las sociedades más prósperas y desarrolladas del mundo. La España del 2013 tiene muy poco que ver con la de 1977, cuando se inició la transición democrática. Vivimos mucho mejor, tenemos mejor educación, sanidad, viviendas, infraestructuras, protección social, atención a la vejez y a la discapacidad; ha habido una incorporación masiva de la mujer al empleo, se protege más la calidad medioambiental, tenemos más y mejores pensiones, mas protección al desempleo, más y mejores vacaciones, mas nivel de consumo, hay mucha más gente propietaria de una segunda vivienda, hay muchas personas con acciones en Bolsa, se han dignificado las condiciones de vida en el ámbito rural? Ese impresionante cambio socioeconómico ha permitido que buena parte de los que en el pasado se consideraba clase obrera o incluso campesina hoy se consideren clases medias. Y más allá de cualquier nominalismo, lo cierto es que el conjunto de la ciudadanía española tiene mejores condiciones de vida.

Sin embargo, a la vez, la sociedad española ha incrementado sus niveles de desigualdad. Los ricos son más y son más ricos que nunca y simultáneamente convivimos con una pobreza estructural y cronificada que afecta a varios millones de conciudadanos.

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