viernes, 24 de noviembre de 2017
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Redacción

La revolución de la clase media

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Fukuyama. The Wall Street Journal *

El 22 de junio, los manifestantes salen a las calles de las grandes ciudades de Brasil para quejarse de la corrupción y los escasos servicios públicos. Durante los últimos diez años, Turquía y Brasil fueron ampliamente celebrados como países con desempeños económicos estelares; mercados emergentes con una creciente influencia en el escenario internacional. Sin embargo, en los últimos tres meses, ambos países se han visto paralizados por enormes protestas que expresan un profundo descontento con el desempeño de sus gobiernos ¿Qué es lo que está pasando y habrá más países que experimenten convulsiones similares?


El tema que conecta estos episodios recientes en Turquía y Brasil, así como con la Primavera Árabe de 2011 y las continuas protestas en China, es el ascenso de una nueva clase media global. Dondequiera que ha surgido, esta clase media moderna causa agitación política, pero rara vez ha podido, por sí misma, provocar un cambio político duradero. Nada de lo que hemos visto últimamente en las calles de Estambul o Rio de Janeiro sugiere que estos casos vayan a ser una excepción.

En Turquía y Brasil, así como en Túnez y Egipto antes, las protestas políticas no fueron lideradas por los pobres, sino por los jóvenes con niveles de educación e ingresos mayores al promedio. Dominan la tecnología y usan medios sociales como Facebook FB +0.03% y Twitter para difundir información y organizar protestas. Incluso aquellos que viven en países con sistemas democráticos funcionales, no se sienten representados por la élite política gobernante.

El mundo de los negocios habla del ascenso de una clase media global

El 28 de junio, los egipcios que protestan contra el presidente Morsi sujetan pancartas que piden que se vaya. En Turquía, se manifiestan en contra de las políticas de desarrollo a cualquier costo y el estilo autoritario del primer ministro Recep Tayyip Erdo?an. En Brasil, se oponen a una élite política muy afianzada y corrupta que se jacta de proyectos glamurosos como el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos de Rio pero que no es capaz de brindar servicios básicos de salud y educación. Para ellos, no basta con que la presidenta, Dilma Rousseff, haya sido una activista de izquierda encarcelada por los militares en los años 70 y líder del Partido de los Trabajadores. Desde su punto de vista, el partido se ha visto arrastrado a la maraña del "sistema" corrupto, tal como quedó en evidencia con el reciente escándalo de compra de votos.

El mundo de los negocios habla del ascenso de la "clase media global" desde hace al menos una década. Un informe de Goldman Sachs GS -0.98%de 2008 definió este grupo como aquellos con ingresos de entre US$6.000 y US$30.000 al año y predijo que crecería hasta sumar 2.000 millones de personas para 2030. Partiendo de una definición más amplia de clase media, un informe del Instituto de la Unión Europea para Estudios de Seguridad de 2012 pronosticó que la cantidad de personas en esa categoría crecería de 1.800 millones en 2009 a 3.200 millones en 2020 y a 4.900 millones en 2030 (sobre una población mundial proyectada de 8.300 millones). La mayor parte de este crecimiento se verá en Asia, especialmente en China e India. Pero todas las regiones del mundo participarán en la tendencia, incluida África, que según el Banco de Desarrollo de África ya tiene una clase media de más de 300 millones de personas.

A las empresas se les hace la boca agua ante la promesa de esta clase media emergente porque representa una amplia base de consumidores nuevos. Economistas y analistas tienden a definir el estatus de clase media sólo en términos monetarios. Pero se define mejor por la educación, la ocupación y la propiedad de activos, que son mucho más consecuentes a la hora de predecir el comportamiento político. Varios estudios transnacionales, incluyendo recientes encuestas del centro de estudios Pew y datos de la Universidad de Michigan, muestran que los niveles de educación más altos se correlacionan con que las personas adjudiquen mayor importancia a conceptos como la democracia, la libertad individual y la tolerancia a formas de vida alternativas. La clase media ya no quiere solo tener seguridad sino también opciones y oportunidades. Es más probable que opten por la acción si la sociedad no logra cumplir con sus expectativas de mejoras económicas y sociales, que crecen con rapidez.

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