viernes, 24 de noviembre de 2017
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algo mal

Loreta Soler. Periodista

 Dos años antes de su muerte, que se produjo el 6 de agosto de 2010, Tony Judt escribió "Algo va mal", una reflexión sobre la sociedad contemporánea "que ha convertido en virtud la búsqueda del interés material, hasta el extremo de que es lo único que queda como sentido de voluntad colectiva". 

Asistimos así a crecimientos salvajes de la desigualdad interior en nuestros países, a la humillación sistemática de los más débiles, a los abusos de poderes no democráticos -empezando por el poder económico- frente a los cuales el Estado es impotente, sin que ello cause el menor revuelo o indignación. La reducción de la experiencia humana a la vida económica se ha convertido en algo natural. Una naturalidad que surge del mundo construido en los años ochenta sin alternativa, fundado "en la admiración acrítica por los mercados sin restricciones, el desprecio del sector público y la ilusión falsa del crecimiento infinito".

El gran problema para Tony Judt es el vacío moral. "No podemos seguir evaluando nuestro mundo y decidiendo las opciones necesarias sin referentes y juicios morales", afirma y citando a Adam Smith reafirma el carácter destructivo de la cultura de admiración acrítica e la riqueza: "La causa más grande y universal de corrupción de nuestros sentimientos morales". Y describe la ceguera del mundo en que vivimos "en el que un aumento global de la riqueza disimula las disparidades distributivas que colapsan la movilidad social y destruyen la confianza mutua indispensable para dar sentido a la vida en sociedad. La tríada inseguridad, miedo, desconfianza como base de un sistema de dominación que encuentra en la indiferencia la clave de su éxito".

La izquierda se ha quedado muda

"Es evidente que en los treinta años posteriores a la II Guerra Mundial los ciudadanos de Estados Unidos y de la Europa democrática vivieron en las mejores condiciones sociales que se han conocido", constata Judt. "Pero era un privilegio de un restringido grupo de países que habían encontrado el equilibrio entre innovación social y conservadurismo cultural (?) Tras la revolución conservadora de los ochenta y la fatua reacción occidental sobre la caída de los regímenes de tipo soviético, hasta llegó a decirse que 'La historia ha terminado', como si la promesa de Marx de sustituir la política por la administración de las cosas hubiera llegado de la propia derrota del comunismo".

"La izquierda se fue quedando muda, mientras la derecha se esforzaba en el desprestigio del Estado. Y así seguimos, sin alternativa, dice Judt que se pregunta si la democracia puede sobrevivir mucho tiempo a la cultura de la indiferencia. "La participación en el Gobierno no solo aumenta el sentido colectivo de la responsabilidad por todo lo que hace el Gobierno, también preserva la honestidad de los que mandan y mantiene a raya los excesos autoritarios". Por el camino hemos perdido la idea de igualdad. Sin ella el discurso socialdemócrata se desdibuja. ¿Qué hay que hacer? Repensar el Estado, reestructurar el debate público, rechazar la tramposa idea de que todos queremos lo mismo, y replantearnos la vieja cuestión de William Beveridge: "Bajo qué condiciones es posible y valioso vivir, para los hombres en general".

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