viernes, 24 de noviembre de 2017
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Redacción

La clase media ha de reaccionar

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Joan Pere Enciso Rodríguez. Doctor en Economía

Una primera aproximación para medir el nivel de bienestar de un país es observar su porcentaje de clase media. A mayor volumen de personas que forman parte de este grupo, mejor repartida está la renta de un país. El aumento o disminución de la clase media está estrechamente relacionado con la distribución de la riqueza, de la renta, que se genera en un país.

En España durante las últimas dos décadas, las políticas redistributivas de la renta han servido para ampliar la desigualdad, la distancia entre la población con más ingresos respecto a la de menos.

El 0,1% de la población española más rica en el año 1980 ganaba 74 veces más al año que el 90% de la población más pobre, pasando esta proporción a 173 veces en el año 2008. Esta dinámica ha implicado, al mismo tiempo, que la clase media se haya ido reduciendo, dado que las políticas redistributivas aplicadas han servido para empobrecer a la mayoría de la población y enriquecer a una minoría.

En los "años de ensueño", en los que nos hacían creer que éramos ricos, la clase media, vio aumentar su capacidad de consumo. Como todo iba bien, y no faltaba trabajo -es decir ingresos-, la forma de aumentar su capacidad de compra fue endeudándose (el precio del dinero era el más bajo de la historia), ya que al poder aumentar el consumo se tenía el convencimiento de que la felicidad estaba vinculada al nivel de consumo, mayor consumo significa mayor felicidad. Este endeudamiento lo estimuló y permitió el propio sistema. A este comportamiento, para los voceros del sistema, lo llaman irresponsabilidad de la población. No nos podemos referir a la irresponsabilidad, sino a la concepción o necesidad de sentirse partícipes de una clase social, echo que requería mantener determinados niveles de consumo (vivienda, coche, vacaciones, ropa, bodas, comuniones,...), es decir gasto suntuario, gastando para mantener las apariencias.

Dicen que somos los culpables de la crisis

Ahora dicen que somos los culpables de qué el país esté en crisis, por favor, no nos dejemos engañar. Los culpables han sido los grandes directivos de las entidades financieras que diseñaron infinidades de productos financieros para facilitar el consumo (el sobreendeudamiento) y de esta forma aumentar sus beneficios. En segundo lugar, la dejadez y complacencia de los dirigentes políticos que lo permitieron.

Esta historia o ensueño se ha acabado. Hemos trabajado duro pero somos un 20 o un 40 por ciento más pobres que hace cinco años, en el mejor de los casos, porque hoy hay muchas familias que provienen de la clase media que están recurriendo al banco de alimentos para poder sobrevivir.

Además, el Fondo Monetario Internacional considera que se debe reducir los salarios aún más, sobre un 10%, y sobre todo han de retroceder los derechos laborales. El único "consuelo" que nos queda es que en nuestro entorno hay muchas personas que están igual o, en muchos casos, peor que nosotros. A la vez, nos reconforta pensar que con un poco de suerte y esforzándonos nos podremos escapar del grupo de excluidos sociales.

Nuestros hijos y nuestras hijas (éstas aún más por el simple hecho de ser mujeres) tienen un porvenir muy difícil y, si quieren intentar conseguir algún trabajo con un cierto nivel retributivo, deben emigrar hacia los países ricos de esta deidad que es Europa, siempre insatisfecha y cruel con sus ciudadanos, que reclama más y más sacrificios "humanos" como en los tiempos antiguos.

La crisis económica actual, provocada por los segmentos más ricos de la sociedad y los gobernantes europeos, aconsejados y legitimados por el Fondo Monetario Internacional, la está padeciendo la mayoría de las personas, el 90% de la población con menos ingresos. Las políticas que se han aplicado han estado al servicio de este 1% de la población más rica perjudicando al resto de los ciudadanos.

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