martes, 16 de enero de 2018
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Redacción

Zug: un lugar excelente donde no se pagan impuestos

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Andy Robinson. Periodista y escritor

La editorial Ariel acaba de publicar "Un reportero en la montaña mágica", un trabajo de Andy Robinson, que en línea con su subtítulo -"Como la élite económica de Davos hundió el mundo"- narra los encuentros de Foro Económico Mundial en la localidad suiza de Davos, la naturaleza de algunos paraísos fiscales, la farsa de la filantropía y denuncia con ironía como los plutócratas nos empujan ladera abajo. Publicamos aquí un resumen del capítulo 7, que lleva por título "Zug: un lugar excelente donde no se pagan impuestos".

Zug, una pequeña localidad de 19.000 habitantes situada en la orilla del lago Zugsee (Suiza) con una espectacular estampa de picos nevados al fondo, aloja, en apenas dos o tres calles, nada menos que 29.000 empresas, entre ellas unas 500 sedes globales de compañías multinacionales y cientos de otras sedes regionales (?) Zug ofrece un tipo máximo del impuesto de sociedades de tan solo el 15% y un 23% el de la renta. Pero la verdadera especialidad de la casa es el 8,8% o menos que tributan las llamadas empresas "privilegiadas", entre las que se incluyen 1.700 holdings companies -la mayoría de ellas sedes de multinacionales- que cuentan con una pequeña oficina, y 3.400 "empresas buzón" que no realizan actividad alguna y ni tan siquiera tienen empleados.

Zug se convirtió en un good place al término de la Segunda Guerra Mundial, cuando a alguien se le ocurrió que el cantón podía superar la pobreza de la posguerra y rentabilizar su proximidad a Zúrich, la capital mundial del secreto bancario (?) Desde los años 60, Zug se ha ido convirtiendo en el paraíso fiscal más agresivo de Suiza, un país atractivo que sería un modelo de virtud y de solidarios valores europeos? si no fuera el refugio más importante del mundo para capitales internacionales en busca de bajos impuestos y anonimato. Suiza no es Bermudas ni las islas Caimán. Es un país centroeuropeo, altamente cohesionado, pulcramente mantenido, acaso de los más avanzados en conciencia medioambiental, con una democracia participativa que es la sana envidia del resto del mundo y un sistema de transporte público que funciona con la misma precisión que sus famosos relojes.

En un solo edificio, 300 empresas

Pero lo cierto es que Zug -el cantón donde se registra una mayor desigualdad de renta de los 26 que hay en Suiza- es un paraíso fiscal de los más nocivos para la salud global. El hecho de arrastrar a todos los demás cantones hacia un mismo modelo de bajos impuestos es un perfecto microcosmos del papel corrosivo que desempeñan los paraísos fiscales en la economía mundial. (?) El problema, claro está, es que no todo el mundo puede ser Zug. Con casi dos empresas multinacionales por habitante Zug ha rebasado su cuota de contribuyentes corporativos globales. De modo que si todos siguiéramos su ejemplo de hipercompetitividad tributaria, no funcionaría ni en Suiza. (?) Y se ha ido demasiado lejos por el camino de perdonar al capital cuando se trata de cobrar impuestos. El tipo medio del impuesto sobre sociedades en los países miembros de la OCDE se ha recortado del 50% en 1950 al 25% en 2011. (?) Asimismo, los tipos superiores sobre la renta individual han bajado de niveles en torno al 90% después de la Segunda Guerra Mundial a una media del 20% en los países occidentales y, cada vez más, los ricos declaran su renta como si fueran plusvalías que tributan aún menos.

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