martes, 21 de noviembre de 2017
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Redacción

Los ricos no necesitan Ministerio de Cultura

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Justo Mellado. Escritor. Director Parque Cultural Valparaíso (Chile)

Me han solicitado que explique el siguiente enunciado: Como he dicho en muchas ocasiones, los "ricos" -para hablar en antiguo- no necesitan tener un Ministerio de Cultura ¿Para qué? ¿Qué significa hablar en antiguo? Estando en Madrid, hace muchos años, unos intelectuales hacían esta broma de hablar en "antiguo"; y agregaban, "es decir, en marxista". Pero en la formación intelectual chilena de las post-dictadura, hablar en antiguo significa emplear palabras en completo desuso. Ya forzosamente olvidadas en su propia tradición.

Así, hubo un momento en que palabras tales como "clase obrera", "bloque proletario", "frente unido", por mencionar algunas, fueron sustituidas por otras, nuevas, más indeterminadas, como "pueblo", iniciada la transición interminable, pero que luego fue reemplazada por la palabra "gente", hasta llegar al estreno de la palabra-valija de estos tiempos; a saber, "ciudadanía". Desde un cierto momento, todo pasó a ser ciudadano. Y luego, esto dio paso a una nueva fórmula: "participación ciudadana". Esta fue la denominación de una práctica extorsión, ejercida por grupos aparentemente vulnerables que podían leer las fragilidades zonales de una autoridad puesta en situación de blanqueo "de algo".

Esto podía abarcar desde un movimiento social en pro de la calidad e igualdad de la educación, hasta un grupo de okupas que buscaba producir la hipótesis de soberanía territorial para terminar negociando en mejores condiciones su nueva colocación. El denominador común no es el grupo que ejerce la fuerza, sino la autoridad con síndrome de blanqueo. Es ahí que la hipótesis de la participación ciudadana funciona como una amenaza extremadamente eficaz, sobre todo en el campo cultural.

No está mal recordar de dónde venimos

Entonces, la aparición del enunciado referido tiene que ver con esto. Y continúa del siguiente modo: ¿Para qué los ricos van a tener Ministerio de Cultura si convierten directamente su gusto privado en política pública?

Al mencionar el "hablar en antiguo" me refería a que los "plebeyos", en cambio, necesitan que les sean habilitadas formas de acceso a un consumo compensado de bienes. Hablar en muy antiguo es referirse, por ejemplo, a la distinción entre patricios y plebeyos. No está mal recordar de dónde venimos.

Es aquí que funciona la participación ciudadana como plataforma extorsiva. La autoridad cultural sabe que su trabajo está garantizado por la clase política, que es quien desde cuya eminencia le ha encargado -delegado- realizar el trabajo de limpieza simbólica que cada coyuntura (larga) requiere.

Los patricios, en cambio, la tienen clara, al punto de establecer severas distinciones entre la escenificación de sus gustos privados y sus inversiones duras en la industria cultural, expandiendo sus negocios hacia el consumo innovador de los nuevos plebeyos, que son sus agentes de servicio en las ciudades que tienen pretensiones de ser reconocidas como ciudades globales. De este modo, las agencias de cultura (consejos, ministerios) han sido destinadas a formalizar las dos áreas de compensación.

La primera, en cuanto a la formación de las industrias creativas para satisfacer los deseos de integración de su personal de servicio, de relativa calificación para desempeñar sus roles en el tercer sector. La segunda, destinada al manejo de intensidades de las poblaciones más vulnerables. Entre esos manejos, hay quienes piensan en las virtudes de la financiación de la demanda, mientras otros, en un mismo ministerio, abogan por la financiación de proyectos comunitarios. Y como un momento final de la cadena, están los tesoros humanos vivos, que es una nueva denominación en que las compensaciones se verifican principalmente en el terreno del patrimonio intangible, abriendo paso al reconocimiento de las formas más elaboradas de la cultura popular.

Ahora, estas reivindicaciones corresponden a elaborados programas de reconocimiento de sobrevivencias limítrofes, cuando las tecnologías que sostienen las prácticas artesanales o económicas arcaicas, ya están a punto de desaparecer. Es decir, en aquellos puntos donde la transmisión de una práctica determinada está en riesgo.

Desde siempre, la oligarquía chilena protegió y reconfirmó el destino de las prácticas populares ya perimidas. Esto corresponde a que es solo después de haber vivido la experiencia triunfante de la vajilla inglesa, la oligarquía pudo construir una mirada bondadosa sobre la cerámica popular y la incorporó al diseño de interior del progresismo de los años sesenta, para que ocupara su lugar junto al franciscanismo referencial y no menos culpógeno de los muebles de "palo quemado" que revelaban las perspectivas del catolicismo progresista.

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