domingo, 25 de junio de 2017
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Pablo Pérez Casas. Bibliotecario

¿Pensábamos que las bibliotecas iban a ser diferentes a los hospitales o a los colegios públicos? ¿Creíamos que, estando en su mayoría las bibliotecas sostenidas con fondos públicos, no nos iban a recortar también a nosotros?. Porque nos piden un artículo sobre cómo ha afectado la crisis a las bibliotecas. Pero defendemos que no es la crisis sino los recortes. Es evidente que la inestabilidad financiera que sufrimos desde el año 2008 se podía haber afrentado de otras maneras muy diferentes. Por ejemplo aumentado el gasto y la inversión pública y no disminuyéndolo como se ha hecho.

Una vez sentado esto vamos a revisar cómo nos han maltratado los recortes para luego mostrar el modo en que los bibliotecarios nos hemos organizado para defendernos y luchar contra los mismos.

Lo peor, está claro, que le puede suceder a una biblioteca es que la cierren. En España uno de los casos más sangrantes de cierres de bibliotecas es el de las que dependían de la Obra Social de Caja Madrid. Tras el desmadre financiero de Blesa, Rato y demás, llegaron las vacas flacas y se decidió prescindir de lo menos rentable económicamente aunque si lo fuese socialmente. Así Caja Madrid -ahora Bankia- cerró casi todas de las 39 sucursales que tenía por todo el país. Recientemente hemos sabido que el banco se está dedicando a hacer caja a costa de esos locales. Así en Alcalá de Henares se ha puesto en alquiler la antigua biblioteca -¡con los libros dentro!- y en el barrio de Aluche en Madrid la biblioteca se ha transformado en una tienda de ropa. Triste signo de los tiempos.

Otro cierre preocupante es el de la biblioteca que la Fundación Germán Sánchez Ruipérez tenía en Salamanca. El cierre produjo mucha alarma entre la comunidad bibliotecaria puesto que dicha biblioteca, especializada en literatura infantil y juvenil, era un ejemplo para todos nosotros. En cambio la biblioteca de Las Palomas en el barrio granadino de El Zaidín no era muy conocida hasta que, entre el Ayuntamiento de Granada y la Junta de Andalucía, la cerraron en el verano del año 2011. Desde entonces si se ha hablado mucho, muchísimo de ella puesto que ha sido un auténtico ejemplo de lucha de los usuarios por reabrirla.

Las bibliotecas cierran o reducen horarios

En otras ocasiones no se llegan a cerrar las bibliotecas pero si se reducen sus horarios y servicios. Así, este pasado otoño, se denunciaban los casos similares de las bibliotecas de Valencia y de Sevilla. Las jubilaciones de los bibliotecarios no se reponen y el personal llega a ser insuficiente para abrir todas las bibliotecas. La solución, mucho más fácil que la impopular de cerrar las bibliotecas del todo, es cerrar unas por las mañanas y otras por las tardes. Se van reduciendo los horarios sin llegar a cerrar ninguna biblioteca.

También está la reducción de horarios que utiliza la excusa energética. Como es muy cara la calefacción o el aire acondicionado necesarios para mantener abierta la biblioteca pues se cierra esta en invierno o en verano. Sucede principalmente en las bibliotecas universitarias. Antes prácticamente todas abrían en los periodos no lectivos y, con horario extras, en épocas de exámenes. Con los recortes han dejado de hacerlo con el consiguiente enfado de los estudiantes que, en algunas ocasiones como en la Universidad de Badajoz o en la Complutense madrileña, han llegado a ocupar las bibliotecas.

Otra reducción de servicios es la que se refiere a las actividades culturales. Muchas bibliotecas han pasado de ser auténticos centros que dinamizaban la cultura de su barrio o población a no ofrecer ni una sola actuación de un narrador oral o cuentacuentos.

Porque hay que tener claro la situación, por ejemplo, de las bibliotecas situadas en pequeñas poblaciones. En esos lugares no hay ningún tipo de entretenimiento más allá del bar o la televisión. Por ello, si en la biblioteca hay una bibliotecaria con ganas de hacer cosas, puede llegar a convertirla en el único centro cultural de la localidad. Así que nos resulta muy triste ver como Comunidades Autónomas como la de Castilla-La Mancha, están reduciendo o eliminando ayudas a las bibliotecas de sus pequeños municipios. Que en muchos casos tienen que reducir sus horarios o directamente cerrar sus puertas volviendo a sumir estos pueblos en un desierto cultural.

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