domingo, 22 de octubre de 2017
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< ver número completo: Elecciones Europeas
Redacción

Las elecciones al Parlamento Europeo no son unas nacionales de segundo orden.

Ingeborg Tömmel

Ingeborg Tömmel. Profesora emérita de la Cátedra Jean Monnet y de política y Políticas de la Universidad de Osnabrück (Alemania).

Cuando se habla de las elecciones al Parlamento Europeo, se asume con frecuencia que son "unas elecciones nacionales de segundo orden", en lugar de elecciones auténticamente europeas.  

Como escribe Ingeborg Tömmel, el Presidente de la Comisión Europea tiene un papel clave que desempeñar, junto con el Parlamento, en la configuración de la integración europea. Nos explica que el próximo Presidente de la Comisión será elegido en función del resultado de las elecciones europeas de mayo; por ello, es vital que los ciudadanos expresen sus opiniones en las urnas.

Por lo general, se considera que las elecciones al Parlamento Europeo (PE) son de segundo orden. El PE no parece gozar de competencias de largo alcance, ni en materia legislativa ni en la elección, apoyo o revocación de un gobierno. En consecuencia, el número de votantes en las elecciones europeas es generalmente mucho menor que en las elecciones nacionales, con tendencia a disminuir a lo largo del tiempo.

¿Se invertirá la tendencia en las próximas elecciones al Parlamento Europeo? El Parlamento que entrará en funciones en junio de 2014 tendrá más poder que cualquier legislatura europea anterior. Además de sus competencias legislativas, ampliadas de manera significativa, tiene derecho a elegir al Presidente de la Comisión Europea. Por supuesto, el Presidente de la Comisión no es comparable a un jefe de Estado o de gobierno de un Estado miembro. Él o ella no tiene la facultad de determinar los objetivos políticos de la UE, y mucho menos el curso general de la integración europea.

En el mejor de los casos, el Presidente puede presentar propuestas de legislación y plantear las etapas principales de la integración. Además, se espera que defina y forje el consenso necesario entre los Estados miembros con el fin de lograr un avance en la toma de decisiones. Sin embargo, son los gobiernos de los propios Estados miembros, representados en el Consejo de la UE y el Consejo Europeo, quienes toman las decisiones más importantes sobre estas propuestas, aunque en el proceso legislativo formal, comparten estas competencias con el PE.

¿Significa esto que el Presidente de la Comisión es sólo el jefe de un servicio administrativo y que lo que hace no cuenta en los asuntos europeos? Si miramos al pasado, esta conclusión no se puede sostener. Por el contrario, la historia de la integración europea demuestra que la personalidad del titular, junto con su conocimiento, visión, experiencia política, habilidades estratégicas y tácticas - en pocas palabras, el liderazgo - importa mucho.

Por ejemplo, Jacques Delors, durante su presidencia de (1985-1995), actuó como un líder político eminente. Fue capaz de dar forma tanto a las medidas de integración menores como a las mayores. Incluso, hasta cierto punto, y a pesar de las limitaciones de su cargo, transformó el marco institucional de la UE. Durante estos años, los gobiernos nacionales aceptaron en gran medida sus propuestas y fueron favorables a grandes avances en la integración. Esto fue debido, sobre todo, al estilo persuasivo de Delors.

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