domingo, 22 de octubre de 2017
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Redacción

Elecciones al Parlamento Europeo ¿Una oportunidad para elegir la Europa que queremos?

Alicia Cebada Romero. Directora de la Cátedra UNESCO/UC3M de Libertades Públicas y Valores Cívicos. Universidad Carlos III de Madrid


Entre el 22 y el 25 de mayo, los ciudadanos europeos decidiremos la orientación política del Parlamento Europeo más poderoso que haya existido en la historia del proceso de integración europea. A la vista de la crisis de identidad que viene sufriendo la Unión Europea desde hace algunos años, es legítimo preguntarse si el Parlamento podrá de verdad cambiar el rumbo de la Unión y acercarla a los ciudadanos y a sus necesidades reales.

El Tratado de Lisboa, con todas sus novedades, no alivió la crisis europea. Más bien la acrecentó, como consecuencia de la cobardía política de los gobiernos europeos que decidieron rebajar el nivel de la Presidencia del Consejo Europeo y de la figura de la Alta Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común, eligiendo personas dóciles que no iban a ser capaces de representar el interés común frente a los intereses de los grandes Estados europeos. A nuestros eurodiputados, en cambio, los elegimos nosotros.

El discurso de la austeridad, articulado principalmente por una Institución tan fría y alejada de los ciudadanos como el Banco Central Europeo, y la falta de reflejos para articular una respuesta integral, que abordara las necesidades reales de millones de ciudadanos, han acabado desprestigiando gravemente a todas las Instituciones europeas.

El propio Defensor del Pueblo europeo, el griego NikiforusDiamandourus, ha venido insistiendo en la necesidad de recuperar la confianza en las Instituciones. La debilidad institucional actual en la Unión Europea no tiene precedentes. El envite de los mercados financieros, el caos alimentado desde las capitales europeas, la lentitud en la adopción de decisiones, han acabado arrasando la credibilidad de la Unión. Es difícil apelar al espíritu común e invocar el interés supranacional cuando las divisiones son tan profundas, no sólo entre los Estados sino también entre las instituciones.

Las elecciones suponen una oportunidad

A pesar de la frustración, lo cierto es que estas elecciones suponen una oportunidad real para participar en una decisión colectiva sobre la orientación política del proceso de integración europea. En un mundo global, la oportunidad del regionalismo parece cada vez más clara, sobre todo para países de tamaño medio como los europeos. Sigue siendo un marco adecuado para avanzar sobre la base de los valores que los europeos compartimos y que se recogieron en la Carta Europea de Derechos Fundamentales.

Hace falta voluntad política para seguir avanzando, y sobre todo para hacerlo de cara y no de espaldas a los ciudadanos. Y esa voluntad dependerá, en parte, de la orientación ideológica que tenga el Parlamento que saldrá de las urnas el 25 de mayo. Con nuestro voto no sólo estaremos decidiendo el color político de la Institución, sino que también marcaremos la dirección de otra Institución europea cardinal, la Comisión Europea. Serán los miembros del Parlamento, los que por mayoría absoluta, decidirán si la Comisión estará presidida por un democristiano o por un socialdemócrata. La conexión entre la Comisión y el Parlamento será más clara que nunca. Y las dos Instituciones sí tienen fuerza suficiente para cambiar el rumbo de la Unión.

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