martes, 24 de octubre de 2017
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Redacción

Elecciones al Parlamento europeo, 2014: una cita importante para todos, europeos y españoles

elecciones europeas 3

Montserrat Abad Castelos. Profesora titular de Derecho internacional público en la Universidad Carlos III de Madrid. 

Juan San Segundo Manuel. Asesor técnico de la Asamblea de Madrid y profesor asociado de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense de Madrid.


Ante la celebración de las elecciones al Parlamento Europeo en 2014, debemos comenzar recordando que las elecciones en general, constituyen el acto de participación política por excelencia en nuestro modelo de democracia representativa. De hecho, entre las principales atribuciones que todo Parlamento (que merezca tal nombre) ostenta como principales, se encuentran precisamente la función representativa y la del ejercicio del control democrático.

Antes de examinar más detenidamente sus implicaciones es preciso ser conscientes de la trascendencia de la UE, la cual, a pesar de las tormentas de diverso tipo que sacuden a la sociedad actual, tiene un papel consolidado que ya cubre a 28 Estados de Europa. Precisamente han sido países pertenecientes a nuestro continente los que han conformado la vanguardia del mundo durante siglos. Sin embargo, ya desde el siglo pasado Europa perdió ese papel de faro en múltiples facetas. Es obvio que el centro de gravedad mundial se ha ido desplazando desde la zona mediterránea a la atlántica, y de ésta a la zona del Pacífico, y aún al Índico. Parece evidente asimismo que la posible recuperación de un papel más relevante para los Estados europeos en todos los ámbitos importantes, como el económico, el político o el de la seguridad, en el marco de la compleja sociedad globalizada de nuestros días, sólo puede pasar por la UE. Por ello, con esta asunción partimos no sólo de la importancia de la UE, como premisa, sino de su necesidad.

Críticas a la UE en el marco de la crisis actual de la representación política

A pesar de lo imprescindible que es la UE para avanzar, ésta se ve envuelta en críticas y objeciones de distinto tipo y alcance en el estadio actual, que, con independencia ahora de sus fuentes, pueden ser calificadas según los casos como euroescépticas, eurófobas, o incluso como xenófobas y populistas. Estas denuncias también afectan a la institución representativa por antonomasia, es decir, al Parlamento, y a sus miembros. En este sentido, podemos citar un dato preocupante, según un barómetro publicado en 2013, los españoles están más desencantados que nunca, el 72% desconfía de la UE, cifra muy por encima del 55% de la media europea, que siente lo mismo. Trataremos de conocer y afrontar aquí sintéticamente los aspectos más relevantes de tales críticas.

Primeramente, debemos partir de la existencia de una crisis en general de las instituciones representativas, la cual se ha ido extendiendo en mayor o menor medida al resto de las instituciones. Crisis que no es nueva, puesto que ya comenzaría a percibirse en numerosos países a partir de los años 70. No obstante, la crisis económica actual, que ha azotado con especial virulencia a ciertos países de la zona euro, entre ellos a España, ha acentuado significativamente, además, el distanciamiento ciudadano. Esta situación política y sus motivos no pueden pasarse por alto, ya que sólo teniéndolos en cuenta y eliminando sus causas, podrán superarse ciertos planteamientos destructivos que se retroalimentan. Entre las razones económicas que explican la intensidad de la crisis de la representación actual se encuentran los altos niveles de desempleo, el paro juvenil, la profundización de las desigualdades, la supresión y reducción de servicios sociales a cargo de instituciones públicas, etc., las cuales se viven en ciertos países (o en determinados sectores de población), incluso a pesar de que los indicadores macroeconómicos de los Estados se vayan recuperando. En definitiva, tal y como ha ocurrido en otras etapas históricas, con circunstancias económicas adversas se acentúa lo local, lo nacional, e incluso la xenofobia y el racismo, frente a valores solidarios, europeos o internacionales.

Pero no podemos olvidar, en cualquier caso, que esa desafección ciudadana con respecto a las instituciones ya existía, aunque fuera en menor grado, antes de las crisis financiera y económica. Tanto es así, que en el marco de la UE tal vez el factor que posiblemente ha alimentado las mayores críticas tiene que ver con su denominado déficit democrático, expresión tan traída y llevada, especialmente años atrás.

El papel del Parlamento Europeo: avances democráticos en la UE

Sin entrar aquí en los últimos avances habidos en lo que respecta a la democracia participativa a través de la nueva iniciativa popular incluida a partir del Tratado de Lisboa, ha de señalarse que la regulación jurídica del PE ha sido uno de los aspectos conectados con los elementos democráticos de la Unión en que se ha ido avanzando más con las sucesivas reformas de los tratados constitutivos, en aras de su mejora. Así, se ha reconocido la elección directa de sus miembros desde 1979, se han ido potenciado progresivamente sus funciones, hasta llegar a la situación actual, en que su condición democrática y de control aparece bien fortalecida, por diversas causas.

Para empezar, destacamos el hecho de que el PE ha sido dotado con mayores atribuciones, dentro de las cuales se encuentra el incremento de la función legislativa, pues pasa a estar prácticamente en pie de igualdad con el Consejo -el colegislador con quien comparte esta función-. A través del procedimiento legislativo ordinario ambas instituciones codeciden para la adopción de la mayoría de las normas de la Unión.

A su vez, debe indicarse que una de las funciones que se potencian en la última reforma, la del Tratado de Lisboa, entrada en vigor en diciembre de 2009, es la función presupuestaria, llevada también a cabo por el PE con el Consejo en una situación de paridad. Tanto es así, que al finalizar el procedimiento presupuestario el Parlamento puede aprobar o rechazarlo en su totalidad. Debe insistirse ahora en la importancia que tiene el presupuesto. No sólo no es baladí, sino que tiene una significación política de primer orden. De ahí cabe recordar que precisamente el embrión del parlamentarismo aparece con el presupuesto, ya muy avanzada la Edad Media. El presupuesto es, en puridad, la expresión de la política en cifras. Por tanto, refleja exactamente en el caso de la UE la realidad de su política, su verdadero orden de valores y prioridades, o, dicho de otra forma, en qué se gasta, con qué alcance y cómo se reparten y distribuyen las distintas partidas.

Otra de las funciones potenciadas (también típica de los parlamentos) es la de participar en los nombramientos de los cargos más importantes de la UE. Será con estas elecciones cuando se realice por primera vez la participación decisiva del PE en la elección del Presidente de la Comisión, lo cual sin duda le da una relevancia especial a estas elecciones.

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