sábado, 16 de diciembre de 2017
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Enrique Barón Crespo. Expresidente del Parlamento Europeo

Las elecciones europeas de 2014 son relevantes, al permitir el Tratado de Lisboa responder a la pregunta de Elecciones ¿Para qué?: elegir a la Comisión Europea como un Gobierno europeo con competencias en materia de política económica. Esta razón fundamental ha llevado a los partidos políticos europeos a presentar candidaturas con caras y programas europeos.

¿Cómo se elegirá al Presidente de la Comisión?: Por el Parlamento Europeo (PE) a propuesta del Consejo Europeo, en función de los resultados electorales. Primero, el Consejo deberá decidir por mayoría cualificada (55% de los Estados miembros, con 15 como mínimo de los 28 actuales y 65 % de los 500 millones de ciudadanos), después el PE deberá hacerlo por mayoría absoluta de 367 Diputados. La composición de la Comisión la hará el Presidente electo con los Estados miembros y los candidatos serán examinados en audiencias públicas en el PE.

Este itinerario encierra muchos recovecos. Por ello, hay que exigir publicidad y transparencia. En primer lugar, en la elección del Presidente de la Comisión por el Consejo. El voto de sus miembros deberá ser público. En virtud de una regla no escrita; el Consejo elegía entre sus pares: Santer, Prodi y Barroso eran primeros ministros. Ahora, los grupos populares, socialistas y liberales del Parlamento Europeo han firmado una declaración conjunta por la que se comprometen a votar entre sus cabezas de lista, comenzando por el primero y apoyando al que logre la mayoría necesaria.

La segunda razón de la importancia de estas elecciones es que se celebran tras una larga crisis económica y de confianza entre los socios europeos con duros recortes de austeridad como única cura. Europa se ha hecho más impopular, con críticas acerbas y populistas en un clima de antipolítica. Por ello, conviene recordar que la solución no es la vuelta a un pasado casero idealizado. Los padres fundadores no buscaban sólo hacer un mercado común, su empeño era conseguir paz y prosperidad basadas en democracia y valores comunes. Un siglo después del comienzo de la Gran Guerra, el Premio Nobel de la Paz de 2012 reconoció este logro histórico.

El desafío hoy es consolidar la primera democracia supranacional de la historia, pionera en la globalización política y no sólo económica. Para responder a este reto, hay tres grandes cuestiones a debatir: Una Unión más democrática y eficaz, con defensa del modelo social; relanzar la economía y completar la Unión Económica y Monetaria, y una Unión influyente en el mundo globalizado.

Una Unión más democrática y eficaz

El planteamiento de una Unidad Política, afirmada en una Constitución y basada en la ciudadanía se planteó desde el principio. No obstante, no fue la vía constituyente la que cuajó. El proceso se consolidó por la llamada vía funcional, a partir de "solidaridades de hecho" y " pequeños pasos", expresiones clave de la histórica declaración de 9 de mayo de 1950.

El Tratado de Maastricht supuso un salto cualitativo al convertir la Comunidad en Unión, con una Unión Económica y Monetaria basada en la moneda única y una Unión Política entre los Estados basada en la ciudadanía europea como añadida a la del propio Estado sin sustituirla.

Se consideró la inclusión de la ciudadanía como un brindis al sol junto a lo serio: la creación de la moneda única. Sin embargo, se trata de dos conceptos complementarios y sinérgicos, juntar la bolsa y la vida. Prueba de ello fue la primera modificación de la Constitución Española de 1978 para reconocer el derecho de sufragio residentes en las elecciones municipales y europeas a los ciudadanos europeos en España.

El empuje de la realidad fue más poderoso que lo acordado, comunitarizando el tercer pilar de Interior y Justicia ( PIJ). El acuerdo de Schengen, al suprimir fronteras interiores supuso un salto espectacular con la creación de FRONTEX para las fronteras exteriores, EUROPOL y EUROJUST para luchar contra la delincuencia y el terrorismo internacional y el inicio de una política de inmigración y asilo.

En paralelo, la afirmación y defensa del modelo social europeo se ha ido convirtiendo en un tema cada vez más candente por los recortes conservadores en las políticas de cohesión regional, territorial y social.

El principio de no imposición sin representación es clave en democracia y debe ser uno de los temas de debate, en ingresos y gastos. El marco financiero 2014-20 es manifiestamente insuficiente para llevar a cabo los objetivos de la estrategia 2020. Con razón el PE se opuso y consiguió que este acuerdo se revise tras las próximas elecciones.

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