sábado, 16 de diciembre de 2017
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Joseph Roth. Novelista y periodista austríaco de origen judío


Sigue habiendo -incluso hoy día- un anhelo, una nostalgia de solidaridad europea, una solidaridad de la cultura europea. La solidaridad misma por desgracia ya no existe, a no ser en los corazones, en la conciencia, en las mentes de algunos grandes hombres en el seno de cada nación.
 

La conciencia europea -me gustaría llamarla la "conciencia cultural de Europa"- empezó a atrofiarse en aquellos años en los que despertó el sentimiento nacional, la conciencia nacional. Se podría decir que el patriotismo ha asesinado a Europa. El patriotismo es particularismo. Un hombre que ama su "nación" o su "patria" por encima de todo, revoca la solidaridad europea. Amar significa valorar el objeto amado, más aún, sobrevalorarlo. Amar con los ojos abiertos, es decir, con capacidad crítica, es algo de lo que sólo son capaces algunos hombres, los elegidos. A la mayoría de las personas el amor las vuelve ciegas. La mayoría de las personas que aman su patria o su nación son unos pobres ciegos. No sólo no están en condiciones de ver los típicos errores de su nación y de su país, sino que incluso tienden a considerar esos errores como un modelo de virtudes humanas. Y a eso, con mucho orgullo, se le llama "conciencia nacional".

No obstante: la cultura europea es mucho más antigua que las naciones europeas. Grecia, Roma e Israel, la Cristiandad y el Renacimiento, la Revolución Francesa y la Alemania del siglo XVIII, la música supranacional austriaca y la poesía eslava, todas esas fuerzas han moldeado la faz de Europa. Todas esas fuerzas han configurado la solidaridad europea, la conciencia cultural de Europa. Ninguna de esas fuerzas conoció las fronteras nacionales. Todas ellas son enemigas naturales del poder bárbaro, del llamado "orgullo nacional".

La mayoría de los patriotas son ciegos

El estúpido amor por el "terruño" mata el amor a la tierra. El orgullo por haber nacido en un determinado país, en el seno de una nación determinada, destruye el sentimiento universal europeo. Se puede o amar a todos los pueblos en la misma medida o anteponer uno solo a todos los demás. Es decir, se puede ser europeo o un "patriota" ciego... Y la mayoría de los patriotas son ciegos, tienen que estar ciegos, como tienen que estarlo los enamorados. Si no estuvieran ciegos, no estarían enamorados.

Me invitan ustedes a decir si es posible salvar la cultura europea. ¡Sin duda alguna! ¡Incluso hoy día! Teniendo en cuenta el peligro -nada desdeñable- de que sus lectores me tomen por un "utópico ajeno al mundo", me permito proponerles mi receta:

? Se acuerda, se establece en un lugar reconocido por todos -aún hoy- que cualquier "orgullo nacional", cualquiera que sea, es un disparate y su invocación una muestra de mal gusto.

? Se decreta en Ginebra, en la Sociedad de Naciones, que todos los hombres de todas las razas son iguales y se prohíbe a esa nación que no comparte esta opinión el ingreso en la Sociedad de Naciones.

Se prohíbe a la actual Alemania, al Tercer Reich por lo tanto, gozar de la misma dignidad de la que pueden vanagloriarse todas las naciones europeas. Porque, de todos los países y pueblos europeos, Alemania es el único que proclama su supuesto derecho a una misión especial. Se aísla a Alemania: entonces la solidaridad europea quedará establecida. En la actualidad sólo hay un enemigo de la solidaridad europea. Ese enemigo es el "Tercer Reich". Ese enemigo es Alemania.

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