viernes, 20 de octubre de 2017
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< ver número completo: Capitalismo filantrópico
Redacción

El capitalismo necesita la filantropía para no ser arrojado por la borda

Paco Puche. Librero y activista

"Las grandes Corporaciones y las fundaciones que las acompañan, han estado trabajando sigilosamente para escurrirse entre los espacios alternativos" (Grupo de Reflexión Rural argentino -GRR)

Hace unos pocos años empezamos a ver "cosas raras" dentro de algunos de los movimientos sociales entre los que andábamos. Gentes venidas de fuera se reunían con nuestros dirigentes al margen de los órganos que nos regían. Terminamos descubriendo que se trataba de fundaciones procedentes del gran capital que mostraban un especial interés por los movimientos sociales, digamos que alternativos. Y esto ocurría simultáneamente en España y en Latinoamérica ¿Qué estaba pasando?.

Pasaban dos cosas: una que el carácter de acumulación exponencial a que el capitalismo está sometido por su propia lógica tenía que echar mano de nuevos nichos inexplorados para obtención de ganancias crecientes. No le bastaba con la financiarización del sistema, habría de recurrirse a la economía real para paliar las reiteradas explosiones de las burbujas clásicas y sustentarse en algo "sólido": el nuevo nicho era la "economía verde" y la "economía social".

Pavan Sukhdev, el principal economista del Deutsche Bank, dirigió en 2008 a un reputado grupo de economistas y científicos sociales y naturales que realizaron un riguroso análisis económico sobre el valor de la biodiversidad. Su conclusión: el coste de las pérdidas o daños causados a la naturaleza y el medio ambiente por las actividades de las 3.000 mayores empresas del mundo, los poderosos, era de 2,2 billones de dólares anuales (y la cifra aumenta cada año). Lo "verde" se valora cada vez más, por pasiva y por activa, incluso por los defensores de economías al margen de la naturaleza cuales son todos aquellos economistas neoclásicos-neoliberales.

A partir de la tesis de Prahalat sobre la pirámide de rentas en el mundo (en su base hay 4.000 millones de pobres), el gran capital "descubre" que los pobres son "el negocio de los negocios". Como dice el citado autor "si dejamos de considerar a los pobres como víctimas y empezamos a reconocerlos como empresarios creativos y como consumidores con sentido del valor, se abrirá un mundo de nuevas oportunidades".

La segunda cosa que estaba pasando era la deslegitimación del sistema a causa de las prácticas destructivas y desposeedoras que capitalismo infligía de manera creciente en las poblaciones. Los nuevos nichos y estas proyecciones sobre los pobres afectan directamente a los ecosistemas que sustentan a la mayor parte de la gente y a los bienes comunes que siguen siendo abundantes en el planeta (agua, biodiversidad, pesquerías, tierras comunitarias y saberes ancestrales, etc.). Aumenta así el número de "condenados de la tierra".

El capitalismo pues necesita con urgencia, además de su plan A (seguir con los negocios como lo hace habitualmente: Business as usual), un plan B (la conquista del alma de las gentes y de las resistencias sociales). Pues tampoco es tan poderoso como aparece a primera vista, porque si lo fuera no tendría necesidad de invertir tantos millones de dólares en Responsabilidad Social Corporativa (RSC), lavado verde, lobbying, publicidad y clientelismo a través de ONGs leales a sus intereses.

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