martes, 24 de octubre de 2017
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Joaquim Vergés. Profesor emérito de economía financiera de la Universidad Autónoma de Barcelona

En el transcurso de los últimos veinticinco años, y paralelamente a lo ocurrido en muchos otros países, el sector público empresarial en España ha sido objeto primero de importantes reestructuraciones y de una cierta reducción, y luego de un exhaustivo programa de privatización, centrado en los años 1996-2003.

Es de destacar que en una primera etapa, hasta 1995, la política de los sucesivos gobiernos (del PSOE) al respecto se caracterizó por una combinación de, por una parte, privatizar determinadas empresas públicas (EP) industriales con problemas de viabilidad y, por otra, de potenciar otras, reorganizando sectores productivos enteros, introduciendo o reforzando en la dirección de esas EP una mentalidad "moderna", empresarial, de competitividad y rentabilidad. El resultado fue la aparición de grupos sectoriales como Repsol (petroquímica), Endesa (electricidad), Tabacalera (tabaco y alimentación), Telefónica, Inespal (aluminio), Indra (tecnología) o Aceralia (siderurgia). De hecho, y debido a esta política mixta el peso del sector público empresarial en la economía española apenas había cambiado hasta 1995 (alrededor del 8% del PIB).

La idea política explicitada entonces por el gobierno era que tales "nuevas EP" (verdaderos grupos empresariales modernos, en un país con pocos ejemplos de ese tipo) continuasen como EP y tratasen de aportar financiación (dividendos) al presupuesto estatal. El buque insignia y pieza más significativa de esta política fue la creación en 1992 del holding público multisectorial Téneo en el que se agruparon todas esas 'nuevas' EP, junto al resto de empresas del antiguo INI que eran rentables o que tenían una clara viabilidad empresarial por sí solas en el mercado. La divisa del nuevo holding público era bien clara: rentabilidad, expansión internacional y competitividad en el mercado global. Y, efectivamente algunas de las "nuevas EP" potenciadas aplicaron con éxito una política de crecimiento con beneficios, incluida una exitosa expansión internacional, principalmente en países de América Latina.

En 1996, el PP llega al poder con un programa neoliberal

Paralelamente a esta política de reestructurar y potenciar grandes EP, otras fueron efectivamente privatizadas por considerar el gobierno que podían tener viabilidad pero no por sí solas sino en el seno de un grupo internacional del mismo sector, como Seat (automóviles), Enasa-Pegaso (camiones), y La Maquinista y Ateinsa (bienes de equipo). También se vendió la tradicional Campsa (monopolio de hidrocarburos); al tiempo que otras EP estatales, generalmente pequeñas, fueron liquidadas por ser consideradas económicamente inviables. Y, además, el gobierno llevó a cabo -entre 1992 y principios de 1996- operaciones de venta en bolsa de paquetes minoritarios de acciones de esas "nuevas EP", con objetivo recaudatorio, es decir, sin que éstas dejasen de estar bajo control público.

Las elecciones de marzo de 1996 cambian radicalmente esta situación. El PP llega al gobierno con un programa claramente neoliberal; especialmente en cuanto a reducir el papel del Estado en la economía, precisamente a base de "privatizar todas las EP". Arrancan así las grandes privatizaciones propiamente dichas, que se extendieron desde mediados de 1996 a finales de 2003. Consistieron en primer lugar en acelerar la política de vender en Bolsa sucesivos paquetes de acciones de las grandes y rentables EP mencionadas, hasta que estas pasaron a estar completamente bajo control de inversores privados. Empezando por las denominadas a nivel popular "las joyas de la corona" (que, en efecto, debido a su historial de buena rentabilidad y posicionamiento internacional, sus acciones recibieron en general muy buena acogida por parte de los inversores privados): Repsol, Endesa, Telefónica, Tabacalera (después Altadis), Argentaria (anteriormente 'Banco Exterior'), Iberia (líneas aéreas), Red Eléctrica Española, Retevisión, Ence (papel), e Indra (tecnológica). Todo ello en poco más de cinco años.

Además, otras EP importantes fueron privatizadas en esta segunda etapa mediante venta directa, generalmente a empresas privadas del mismo sector. A destacar: Inespal, Elcano (naviera), Suria K Potasas, Enatcar (autobuses interurbanos), Santa Bárbara (armamento), Aerolíneas Argentinas, Transmediterránea (naviera), y la última gran privatización (en 2003), Enausa (autopistas).

Este proceso de privatizaciones se extendió por supuesto a otras EP estatales menos notorias; y se alargó en el tiempo con alguna operación puntual (la más importante, la de los astilleros Izar) hasta 2006.

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