sábado, 16 de diciembre de 2017
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Redacción

Grecia, Schäuble y el efecto dominó

Armando Fernández Steinko. Profesor en la Universidad Complutense de Madrid

Armando Fernández Steinko. Profesor en la Universidad Complutense de Madrid

El gobierno de Tsipras se enfrenta a unas semanas cruciales en su intento de conseguir una financiación-puente hasta mayo/junio de 2015 y evitar el durty exit, la ruptura desordenada con la Troika.

Cruciales no sólo para un país que sólo representa el 2% del PIB de la Unión. Cruciales también porque pueden provocar un cambio de rumbo en el proyecto europeo y en la forma de entender y de practicar la economía en el Viejo Continente. La discusión en torno a si Grecia debe o no pagar la deuda, si debe o no salirse del euro se queda corta además de ser poco astuta, incluso "venenosa" (Yanis Varufakis) para avanzar hacia ese cambio. A la Troika le interesa que la discusión verse sobre estas cuestiones porque despistan de lo principal: de la necesidad de colocar a la economía griega y la del resto de los países periféricos sobre bases productivas. Es el viejo conflicto entre renta y trabajo, un conflicto que las transiciones incompletas en el sur cerraron en favor de la renta hundiendo a sus poblaciones en la destrucción y el estancamiento neocolonial después de dos o tres décadas de euforia y voluntarismo económico.

Los rentistas financieros, defendidos por Schäuble, son conscientes de las dimensiones del reto. El efecto dominó sobre los eslabones más débiles de la cadena neoliberal y sobre el mainstream del pensamiento económico son una amenaza real para la Europa hegemonizada por Alemania y sus satélites exportadores. Es verdad: hoy Varufakis se enfrenta no sólo al Eurogrupo encabezado por Dijsselbloem sino a 18 ministros de economía. Todos ellos, y no sólo la portuguesa Albuquerque y el español de Guindos, están de acuerdo en condicionar la prórroga del programa de asistencia financiera a la aceptación de una nueva batería de reformas. Pero la verdadera pugna está más escondida: es la que enfrenta al bloque hiperexportador con todo el resto de Europa incluida, tácitamente, a la titubeante Francia. Esa es la gran batalla que puede perder Alemania a medio plazo si cede un ápice en sus posiciones frente a un país pequeño y arruinado como Grecia.

Jugar con Europa para poner al gobierno griego de rodillas

Alexis Tsipras lo explicaba en el Parlamento griego: Grecia había llegado a un preacuerdo con el Comisario de Economía, el francés Moscovici, para prorrogar la ayuda financiera por cuatro meses, una prórroga que no incluía la del programa de reformas que ha conducido al país a una crisis humanitaria. Durante esos cuatro meses, según el acuerdo, las partes se comprometían a diseñar un programa de crecimiento económico destinado a establecer un calendario realista para el pago de la deuda, a paliar la crisis humanitaria en el país y a acometer las reformas destinadas a combatir la malversación de caudales públicos y la evasión fiscal "Poco tiempo antes de la reunión" señala Tsipras, "Dijselbloom sustituyó este preacuerdo por otro que nosotros desconocíamos así como su autoría última.

De lo que estamos seguros es de que esta nueva propuesta pretendía bloquear el acuerdo al que habíamos llegado días antes pues no sólo incluía una prórroga de las condiciones del memorándum, sino una vuelta de tuerca más: exigía que se elaborara un catálogo concreto de medidas para que este fuera efectivamente aplicado?.Se nos exigía, además, tomar medidas privatizadoras y la necesidad de elevar el superávit primario, que ya ahora resulta insoportable para nosotros, a cambio de declararnos formalmente solventes?La retirada a última hora del preacuerdo inicial hace entrever sin ningún género de dudas que determinados círculos están dispuestos a jugar con Europa con tal de poner de rodillas al gobierno griego". El acuerdo de la Troika con el anterior gobierno griego ya incluía el mantenimiento de un superávit primario y ahora los negociadores europeos pretenden elevarlo aún más para castigar a los electores griegos, conociendo muy bien su coste productivo y humanitario, y jugando con la posibilidad de que provoque el hundimiento electoral de Syriza de la misma forma que hundió a los partidos de la Gran Coalición. Este juego, que va mucho más allá de Grecia, también le ha llamado la atención al premio Nobel Paul Krugman: no se trata de Grecia, señala, sino de infundir miedo a los demás países de la periferia amenazándoles con el abismo en el caso de que caigan en la tentación de seguir sus pasos.

Grecia necesita desapalancarse

¿Qué quiere entonces Grecia y qué puede suceder si no lo consigue? Por encima de todo quiere no endeudarse más, aunque a corto plazo necesite un crédito puente que le permita organizarse para abordar una reforma profunda del país, incluido el saneamiento de sus instituciones corruptas. Pero un objetivo aparentemente tan razonable como colocar una economía sobre bases productivas deshaciendo su extrema dependencia de la renta financiera e inmobiliaria, es lo que más les duele a los tigres exportadores europeos. Grecia no quiere endeudarse más y necesita desapalancarse porque las ayudas financieras han degradado su estructura productiva hasta límites insostenibles contribuyendo a subordinar aún más su economía y su sistema político a los intereses de la renta de la gran propiedad: tanto de la griega como la del resto de los rentistas del mundo. Los 240.000 millones de euros en préstamos concedidos por la Troika entre 2010 y 2014 para evitar una quiebra soberana que en ese momento amenazaba a toda la economía europea, ni provocaron ni pretendían provocar un aumento de la presión fiscal sobre los propietarios privilegiados sino sobre los asalariados con el resultado de una caída del PIB en un 25%.

El 77% de las "ayudas" financieras concedidas han ido a parar a la recapitalización de los bancos y a salvar a los acreedores del Estado griego, en definitiva a salvar a propietarios y accionistas, y sólo el resto fueron destinados a reforzar las arcas públicas, es decir, a pagar funcionarios, hospitales y escuelas. El "rescate de Grecia", así Varufakis "ha provocado el desplazamiento de la carga financiera desde los hombros de los bancos a los hombros de los contribuyentes a sabiendas de que estos últimos son demasiado débiles para soportarla"? Es verdad que la economía griega ya no sigue decreciendo pero esto no se debe al principio de un cambio en su estructura productiva sino a una leve recuperación del turismo. La balanza por cuenta corriente ha mejorado, pero sólo debido al hundimiento de la demanda interna provocada por la inflación salarial y no debido a un aumento de las exportaciones y de la competitividad. Todo el mundo sabe muy bien que en este contexto la concesión de nuevas ayudas financieras volverá a desequilibrar la balanza exterior, otra vez en beneficio de Alemania y sus satélites, y sin sacar a Grecia ni un sólo milímetro de su actual situación.

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