martes, 22 de agosto de 2017
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Peru Erroteta

Peru Erroteta. Periodista

En un reciente informe de Fedea -en cuyo patronato se dan cita quince de las más relevantes compañías del país, incluidos bancos- sobre "Renta personal de los municipios españoles y su distribución", se situaba Barcelona entre las ciudades con más desigualdad de España. A idéntica conclusión llega el informe hecho público a finales del pasado años sobre Renta Familiar Disponible (RDF) per cápita en los barrios de Barcelona en 2012, en comparación con 2011, elaborado por el propio Ayuntamiento. En Barcelona, los altos beneficios por rentas del capital y patrimonio contrastan con el mayor paro de larga duración y el agotamiento de las prestaciones sociales.

El RDF pone de manifiesto que las rentas muy altas pasaron de representar el 7,9% del conjunto de los vecinos en 2012 al 10,7% en 2013, mientras que las más bajas pasaron del 14,9% al 17,8%. Además, en Barcelona pierde peso la denominada clase media, que en 2007 representaba el 58,6% de la población, mientras que en 2013 solo es del 44,3%. La suma de las clases bajas o muy bajas, con un 41,8%, es casi tan alta con el de las clases medias.

Según reconoce la propia Pilar Soldevilla, gerente adjunta de Proyectos Estratégicos del Ayuntamiento de Barcelona, las rentas muy bajas se han incrementado por el aumento del paro de larga duración y el agotamiento de las prestaciones mientras que las altas han crecido porque "en 2013 las rentas de capital y patrimoniales han tenido muchos beneficios". Y, a renglón seguido, añade que "el crecimiento de las desigualdades se ha estabilizado en la ciudad de la Barcelona". Lo que, traducido al lenguaje del interés político, viene a decir que las políticas de Xavier Trías han contribuido a disminuir la brecha social en la ciudad y que la tendencia de que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres más pobres no va a continuar desarrollándose.

La fotografía de la desigualdad es lacerante

En cualquier caso, la fotografía de la desigualdad en Barcelona resulta lacerante. La renta media de los hogares del distrito de Nou Barris fue en 2013 de 10.540 euros al año, mientras que la de Sarriá-Sant Gervasi era de 35.020. La brecha que separa al barrio más rico del más pobre no solo se agranda por los extremos. Las diferencias afectan a toda Barcelona. El 75% de los barrios, con más de un millón de personas, están por debajo de la renta media.

La edad es otro factor de desigualdad. En 2008, el paro juvenil -16 a 24 años-en la ciudad era del 23,3%; el 6,7% entre los de mediana edad y del 4,5%, entre los mayores de 55 años. Con la crisis, el paro juvenil ascendió hasta más del 50% en 2013. Esta explosión responde a la magnitud que el trabajo temporal, más precario y por tanto el primero en desaparecer, representaba ya en un escenario pre-crisis. En el resto de grupos de edad crece también el desempleo pero sin llegar a alcanzar la dramática dimensión del paro juvenil.

No sólo la edad determina esta desigualdad ante los ingresos. La brecha de género también es llamativa en Barcelona. No importa si los ingresos provienen de los salarios, las pensiones o la prestación del paro. En el primer caso, una mujer tiene de media unos ingresos un 25,4% inferior a los de un hombre; en caso de cobrar una pensión, hasta un 33,1% menos y si cobra el paro, un 14,5% menos de media. Por eso, las mujeres mayores que viven solas conforman uno de los colectivos más vulnerable a la pobreza.

Esperanza de vida, ocho años menos

Y estas diferencias no son meramente nominales. Por ejemplo, investigadores del proyecto europeo Sophie advierten de que la diferencia de esperanza de vida entre los residentes del barrio de Sant Gervasi y los del Raval es actualmente de 8 años. Mientras que en el primero sus habitantes viven de media unos 81 años (una cifra algo por encima de la media europea), en el Raval esta cifra se situaba en los 73 años (dato comparable a países como Nicaragua, República Dominicana o Irán).

Otros muchos datos ilustran la consolidación de esta Barcelona dual, que se traduce en personas que afrontan un día a día totalmente dispar que, por ejemplo, se manifiesta en los desahucios (recordemos que Ciutat Meridiana es el barrio de España donde más ejecuciones hipotecarias se han producido), la creciente pobreza y la auténtica supervivencia. Un paisaje social que percibimos de primera mano y de mil maneras en nuestras calles, y que es corroborado por tantos profesionales de los servicios sociales que no hacen más que repetir que se encuentran literalmente "desbordados".

El antropólogo Manuel Delgado, crítico con el llamado modelo Barcelona, denuncia "que un Gobierno de izquierdas que administró la ciudad desde la recuperación de la democracia no consiguiera acabar con la ciudad socialmente segregada, donde hay bolsas de pobreza que no hacen sino empeorar". "Es la prueba de que dejar la ciudad en manos de políticos visionarios y profesionales brillantes no ha resuelto el problema; el tema no era que Barcelona no fuera guay, sino que había pobreza: las clases siguen existiendo", resume.

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