viernes, 20 de octubre de 2017
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Redacción

El TTIP más que un acuerdo de libre comercio. Jordi Bacaria. Director de CIDOB

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La Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión entre Estados Unidos y la Unión Europea, también conocida como TTIP (por sus siglas en inglés), no está pensada como un acuerdo clásico de comercio que se limita a eliminar aranceles y a abrir los mercados a las inversiones, los servicios y las contrataciones públicas. Su importancia, y también su dificultad, es que pretende ir más lejos con la adaptación de reglas y estándares técnicos que actualmente representan las barreras más importantes en el comercio transatlántico. Las diferencias en la regulación pueden suponer unos costes adicionales equivalentes a aranceles de entre el 10% y el 20% en algunos sectores, mientras que los aranceles clásicos están situados en torno el 4% de media. La importancia y las ganancias del TTIP están en la eliminación de las barreras no arancelarias basadas en complejas regulaciones que actualmente representan el mayor obstáculo al comercio.

El acuerdo y su marco de referencia
La declaración conjunta del presidente de Estados Unidos, Barak Obama, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, el 13 de febrero de 2013, supuso el inicio del proceso para alcanzar el TTIP. Confirmaba las recomendaciones, publicadas el 11 de febrero de 2013, del Grupo de Trabajo de Alto Nivel, creado el 28 de noviembre de 2011 y co-liderado por el representante de comercio americano, Ron Kirk, y el comisario de comercio europeo, Karel de Gucht. Su finalidad era la de recomendar políticas y medidas de cara a incrementar el comercio y la inversión para un mejor empleo, crecimiento económico y competitividad internacional para las dos partes.

En su discurso sobre el Estado de la Unión del 12 de febrero de 2013, el presidente Obama ya había anunciado el inicio de las conversaciones y no dejaba lugar a dudas sobre los objetivos de equilibrio entre el eje de Asia Pacífico, con el acuerdo de Asociación Transpacífica (TTP, por sus siglas en inglés), y el del Atlántico Norte, con el TTIP.

En junio de 2013, el Consejo de la UE dio el mandato a la Comisión Europea para iniciar las negociaciones. Si bien las relaciones transatlánticas tienen un carácter bilateral inicial, una futura dimensión regional podría conducir a un futuro acuerdo transatlántico de libre comercio entre Norteamérica (Estados Unidos, México y Canadá) y la Unión Europea. En efecto, una vez alcanzado el acuerdo con Estados Unidos, la UE ya tendría acuerdos con los tres socios norteamericanos (con una previsible y necesaria puesta al día del acuerdo de asociación con México, en vigor desde 2000). En cambio, las relaciones transpacíficas de carácter multilateral tienen como punto de partida la dimensión regional entre América y Asia. El acuerdo de Asociación Transpacífico nace en 2006 de un bloque comercial creado para la eliminación de aranceles y formado por Nueva Zelanda, Singapur, Brunei Darussalam y Chile. La incorporación de Estados Unidos pone en marcha una plataforma de negociación más amplia y abierta, para una potencial y posterior integración económica de la región de Asia-Pacífico que actualmente alcanza a doce países.

Estados Unidos es el elemento común del TTP y del TTIP pero es el acuerdo bilateral entre Estados Unidos y la UE, las dos grandes potencias comerciales e inversoras del mundo, lo que genera temor en Europa sobre los cambios que se puedan producir en el ámbito de las negociaciones multilaterales de comercio. Este temor alcanza, en particular, a la protección de los derechos de propiedad intelectual y de inversiones. Las economías emergentes, por su parte, recelan de los cambios en las reglas multilaterales que impondría tal acuerdo.

Las dificultades de la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio
En mayo de 2013, entre la fecha de las declaraciones y la del mandato del Consejo de la UE a la Comisión, se produjo la elección final del candidato a Director General de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Herminio Blanco, candidato mexicano, liberal, negociador del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, o NAFTA, por sus siglas en inglés), apoyado por Estados Unidos y la UE, fue derrotado por el candidato de Brasil, Roberto Azevêdo, ampliamente apoyado por los países en desarrollo. Aunque no debería haber una relación directa entre ambos eventos, lo cierto es que desde que en 2001 se inició la Ronda de Doha de la OMC -cuya misión es eliminar con acuerdos multilaterales los obstáculos al comercio- han proliferado los acuerdos bilaterales o regionales y las negociaciones multilaterales de la OMC están estancadas. Las dificultades en las negociaciones han sido enormes. El fracaso de la Ronda del Milenio de la OMC en Seattle en 1999 se trató de enmendar con la nueva Ronda de Doha (Qatar) en noviembre de 2001. En Seattle, se iniciaron los movimientos conocidos como "antiglobalización" o "altermundistas", contrarios al libre comercio. Estos se consolidaron en el paralelo Foro Social Mundial, celebrado por primera vez en Porto Alegre (Brasil) en enero de 2001, y han acompañado con protestas y propuestas alternativas a las reuniones ministeriales de la Ronda de Doha y a otras negociaciones bilaterales o multilaterales de libre comercio, o derechos de propiedad asociados al comercio internacional.

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