martes, 22 de agosto de 2017
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Redacción

El TTIP, los costes de exportar y la "burocracia mala"

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En julio de 2013 se iniciaron formalmente las negociaciones del denominado "Transatlantic Trade and Investment Partnership" (TTIP) o "Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (ATCI)". Este acuerdo contempla una serie de medidas que "faciliten" el comercio y la inversión entre la Unión Europea y Estados Unidos. Se trata de un acuerdo histórico dadas las dimensiones que hoy por hoy entraña (alrededor de la mitad del PIB y el comercio mundial, medido a precios reales, esto es, excluyendo la inflación, con los World Development Indicators (para 2013).

En julio de 2013 se iniciaron formalmente las negociaciones del denominado "Transatlantic Trade and Investment Partnership" (TTIP) o "Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (ATCI)". Este acuerdo contempla una serie de medidas que "faciliten" el comercio y la inversión entre la Unión Europea y Estados Unidos. Se trata de un acuerdo histórico dadas las dimensiones que hoy por hoy entraña (alrededor de la mitad del PIB y el comercio mundial, medido a precios reales, esto es, excluyendo la inflación, con los World Development Indicators (para 2013).

El TTIP está generando cierta (considerable, cabría decir) contestación social en Europa, incluso en países tradicionalmente proclives a la apertura comercial como Alemania. Además, hace escasos días se retrasó la votación que buscaba avanzar en su negociación en el parlamento europeo, pues parecía que no alcanzaría la mayoría suficiente para su aprobación. Pistas que nos indican que algunos entienden que "facilitar" el comercio es someter a excesiva competencia a las empresas locales, por ejemplo, dando mucho poder a las multinacionales extranjeras. O el temor a que la reducción de barreras no arancelarias al comercio suponga un peligro para la salud, por ejemplo cuando hablamos de requerimientos de etiquetado de los alimentos, o del tratamiento genético de productos agrarios (permitido en EE.UU. pero prohibido en Europa).

Para otros el TTIP, implica que los productores de zapatos de Alicante dejen de pagar un 35% de su precio en forma de aranceles o que los de alcachofas murcianas ya no sean desplazadas por las de Latinoamérica que no pagan ningún arancel en virtud de su acuerdo de libre comercio con EE.UU (como citaba recientemente la Comisaria de Comercio en Europa Cecilia Malmström). Verían también el TTIP como una oportunidad de eliminar aquellas barreras burocráticas que son "malas" porque hacen que las empresas que exportan al resto de Europa tengan que cumplir determinados requisitos en pro de la loable seguridad en el automóvil, mientras que en EE.UU, también velando por esa misma seguridad, los requisitos simplemente difieran. Esto supone un coste para las empresas, especialmente gravoso para las más pequeñas, que encuentran barreras innecesarias a la exportación. Dificultar las exportaciones puede suponer sofocar una fuente de crecimiento y creación de empleo al bloquear el acceso a nuevos mercados, mientras que impedir las importaciones priva a los consumidores de un abaratamiento de los precios gracias a una mayor competencia. Pero veamos brevemente qué tipo de medidas se barajan con el TTIP.

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