jueves, 21 de septiembre de 2017
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Manuel Fernando González. Periodista

Todos los barceloneses saben, incluido su actual gobierno municipal, que el turismo representa para la ciudad un 14 % de su PIB mientras vivimos inmersos en una grave crisis y sin que el paro descienda a niveles razonables. Los últimos datos indican que el desempleo ha subido en Barcelona otras 4.736 personas, lo cual elevaba la cifra total hasta los 382.717 parados estadísticamente censados, que no es, ni mucho menos, la cifra real, ya que, muchos de los que no encuentran trabajo, no figuran en ninguna de las listas oficiales ni oficiosas. Como es fácil suponer, la cifra no constituye un tema de menor cuantía, sino, más bien, todo lo contrario.


Y sin embargo pese a tan malos datos, el gobierno municipal que lidera la alcaldesa Ada Colau decidió en pleno "caloret" suspender las licencias hoteleras que se estaban tramitando y devolver todo al punto de partida para "reflexionar sobre el modelo turístico" dejando boquiabiertos, no solo a los empresarios del sector, sino, sobre todo, y eso es lo más grave, a los inversores internacionales que habían decidido jugarse sus dineros apostando por varios proyectos multimillonarios, entre los
que llamaba la atención el del grupo norteamericano Emin Capital que había adquirido los derechos inmobiliarios sobre la emblemática Torre Agbar, ya abandonada por Aguas de Barcelona, donde pensaba construir un hotel para ricos gestionado por el Grupo Hyatt que, según los expertos en turismo, es un especialista en ese tipo de visitantes que buscan afanosamente todos los mayors de las principales capitales del mundo.


Las razones aportadas por el equipo de Colau ponían el acento en "los problemas convivencia, la alteración del tejido social y económico de barrios enteros y la banalización o saturación del paisaje urbano". Vamos, que a la lista ganadora en Barcelona le había dado un repentino ataque de populismo, mezclando, como se dice en el argot ganadero churras con merinas, sin detenerse a considerar que una cosa es proteger al ruc catalá en peligro de extinción, y otra, perfectamente compatible con el propósito anterior, es llegar a poseer un pura sangre con el que poder competir en el Grand National y llevarse el premio gordo y el prestigio y admiración de medio mundo.

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