martes, 21 de noviembre de 2017
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Redacción

La gallina barcelonesa de los huevos de oro

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Peru Erroteta Periodista

Un granjero y su esposa se encuentran con que una de sus gallinas pone huevos de oro. No contentos con esperar a la puesta de la gallina, deciden matarla pensando que tiene oro en su interior. Cuando descubren que no es así, caen en la cuenta de que mejor les hubiera valido conservar lo que tenían. Sirva la vieja fábula de Esopo para ilustrar lo que podría pasar con el turismo en Barcelona si, entre todos, no somos capaces de manejarlo con sentido común.


"Aunque hace tiempo está siendo permanentemente cuestionado, y a pesar de que el nuevo gobierno de la ciudad ha expresado por activa y por pasiva su intención de revisar de arriba abajo el actual modelo y de poner límite a la llegada masiva de turistas, esta actividad no para de crecer en Barcelona. Y seguirá haciéndolo, al menos a corto plazo". Así, sin ambages, se pronunciaba La Vanguardia el pasado 18 de junio, al anunciar que la ciudad batió el año pasado su récord histórico al alcanzar sus hoteles 7,8 millones de visitantes y superar las 17 millones de pernoctaciones (26 millones sumando todo tipo de alojamientos). Para este año se prevé un incremento del 5%.


¿Por qué ésta diabólica inercia de crecimiento? ¿Por qué, como en la bici, no se puede dejar de darle a los pedales para evitar caerse? Marx en su obra el Capital, intentó demostrar que, lejos de producirse por factores externos, las crisis económicas del capitalismo (burbujas) ocurrían por su propia dinámica interna. En cada parte expansiva del ciclo económico, los capitalistas se embarcan en una carrera de mejoras para producir cada vez más cantidad, más rápido y más barato hasta que llega un momento que el mercado no puede comprarles todo lo que producen. Empiezan lentamente luego se aceleran y en el punto más alto se desploman. Eso pasó (recordemos) con la vivienda y ya sabemos cuáles son sus consecuencias.


En esta lógica, solo regulada por "la mano invisible" de Adam Smith, el único objetivo, obsesivo, de los lobbys que controlan el sector es crecer, crecer a costa de lo que sea, incluso de su propia supervivencia. Y esto es lo que hace que el fenómeno tienda a instrumentalizar la ciudad en beneficio propio. Porque muy lejos de la tesis manejada por los interesados y sus portavoces, el impacto negativo del turismo no se reduce a mera cuestión de "molestias al vecindario", sino que se extiende al territorio, al urbanismo, a la cultura, la gentrificación, los precios, la policía? e incluso al propio perfil de ciudad, a su personalidad y su futuro. "Últimamente, las entrevistas de Trias, además del soberanismo, giran alrededor del turismo, como las de un alcalde de cualquier villa costera", escribía el sociólogo José Luis Álvarez el pasado otoño en "El País". "Son ilustraciones; limitar Barcelona a exitosa villa turística costera, más eventos y congresos; a una comarca, una más, de una Cataluña homogénea, de mínimo común denominador, el de las comarcas no metropolitanas", afirmaba.

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