viernes, 22 de septiembre de 2017
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Margarita Mediavilla. Profesora en la Universidad de Valladolid

Hace diez años tuvo lugar un punto de inflexión en la historia moderna al que todavía apenas damos la relevancia que merece: el petróleo nos empezó a abandonar. En el año 2006 apareció el primer síntoma del declive de los combustibles fósiles: el estancamiento de la producción de petróleo convencional. En estos momentos nos encontramos con un barril a menos de 40 dólares (aunque después de cuatro años con un precio por encima de los 100) y es complicado hablar de escasez, pero un análisis a medio plazo no deja lugar a dudas: la producción de petróleo mundial se está estancando y los recursos explotados son de una calidad cada vez peor.

Haciendo un análisis sosegado de los datos es muy difícil no caer en la tentación de ver en ese petróleo que interviene absolutamente en todos los procesos productivos una de las causas más importantes de esta larga y extraña crisis económica. También es difícil no advertir que la situación es especialmente crítica para la Unión Europea, territorio con escasos recursos pero con consumos elevados y estilos de vida derrochadores.

El estancamiento del petróleo convencional es coherente con las teorías del pico del petróleo, que predicen que las curvas de extracción de los hidrocarburos siguen trayectorias en forma de campana: una vez que se ha extraído aproximadamente la mitad de las reservas, la producción se hace más lenta, sin que el uso de tecnologías más eficaces pueda apenas modificar este declive.

Los datos de numerosos países que han alcanzado su cénit y la producción global de los últimos diez años corroboran esta teoría. La producción mundial de todo tipo de petróleos se ha ralentizado en el periodo 2005-2015, con aumentos en torno al 0,6% anual mientras en el periodo 1985-2006 creció a tasas cercanas al 2%. Es reconocido también en los datos oficiales de la Agencia Internacional de la Energía que el petróleo convencional (barato y de fácil extracción) alcanzó su máximo de producción en el año 2006 y los no convencionales (como los extraídos mediante fractura hidráulica o las arenas asfálticas, de peor calidad y enormemente contaminantes) apenas están consiguiendo aumentar ligeramente la producción.

Las predicciones científicas no ofrecen datos muy esperanzadores

Este estancamiento del consumo de petróleo que muestran los datos históricos no se explica por una falta de demanda (debida a una crisis económica, por ejemplo) ya que, si esta fuera la causa, debería apreciarse en todos los combustibles y no se observa un estancamiento similar en el consumo de gas natural y carbón (que han seguido creciendo a buen ritmo: 2,5% y 3%). Tampoco se debe al hecho de que hayan cambiado los patrones de consumo (como el uso del automóvil) ni por sustitución tecnológica (con vehículos eléctricos o ferrocarriles, por ejemplo).

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