martes, 21 de noviembre de 2017
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Enrique Navarro. Escritor y ciudadano

No sólo las crisis son momentos de grandes oportunidades, sino que también sirven de correctivo; son como las enfermedades que acaban haciendo al cuerpo más fuerte y con más defensas, lo que no excluye que a veces los antibióticos son necesarios, pero administrados en sus dosis correctas. Esta crisis es una enfermedad global, pero que nos va a traer mejoras sustanciales en el futuro económico a medio plazo y largo, y este efecto temporal es precisamente el correctivo que necesita la economía global para tratar algunas enfermedades que viene arrastrando y poner las cosas en su sitio.

Pero tratemos de abordar este golpe financiero y económico con un cuestionario que ayude a describir lo qué está pasando y lo qué es previsible que ocurra.

Estamos ante una crisis financiera o es algo más profundo

Todas las crisis afloran por el lugar más débil y éste siempre es el mercado financiero, el del crédito y el de las acciones, que es el más sujeto a las volatilidades de los mercados. Pero éstos son como la fiebre, el síntoma de la crisis, pero no la causa ni en si es la enfermedad. Las bolsas asiáticas están muy lejos de su realidad económica. Apenas un seis por ciento de los chinos tiene acciones, frente al 50% de los americanos. Las bolsas asiáticas, excluida la japonesa, tienen unos volúmenes de negocio y capitalización que están muy lejos de los mercados europeos y norteamericanos.

Pero es claro que estamos ante una crisis más profunda, es la crisis del modelo de las economías emergentes monoproductivas y poco flexibles que se ha generado a partir del fenómeno chino, en Asia, África y América Latina. Su crecimiento ha sido tan espectacular desde el comienzo de esta década comparado con la situación de las economías occidentales, que su impacto es mucho más global que lo que fue el tequilazo o la crisis del Brasil, el efecto samba en los noventa.

Cuáles son los síntomas de la crisis

La recesión arranca en la crisis financiera de las economías occidentales y en su larga duración. La contracción de la demanda a consecuencia de la restricción del crédito; las altas tasas de paro y la caída de los salarios reales que desde 2008 imperan en las grandes economías europeas y norteamericana. China y las economías emergentes asiáticas mantuvieron sus altas tasas de crecimiento en medio de la recesión occidental sobre elementos cada vez más artificiales. Mientras que su producción real caía y los estímulos a la inversión se sustituían por estímulos al consumo, se producía una gran burbuja inmobiliaria animada por una falta de regulación y unas condiciones de mercado muy poco transparentes. La crisis de la economía real china comenzó en 2008, pero sus síntomas se ocultaron con la burbuja y la expansión de las bolsas en las que muchos chinos se convirtieron en multimillonarios gracias al uso de información privilegiada y a la propia dinámica del mercado. Una vez más, el crédito se desvió de la economía real a la compra de viviendas y de acciones, y para satisfacer esa demanda de liquidez se acudió a los mercados occidentales, al dólar y al euro, y ahora con sus monedas en caída libre. Este endeudamiento traerá grandes quiebras de muchas compañías chinas, coreanas y de los demás tigres asiáticos.

Si el incremento de los precios de las materias primas tenían como fundamento el crecimiento de la demanda en China y los países vecinos; desde 2009, se ha hecho evidente que la economía china compraba cada vez menos. Hoy en día existe una sobreoferta de materias primas que han llevado los precios a un descalabro desconocido.

Para los países productores que han basado su economía y su crecimiento en el alza de precios de las materias primas, el golpe es brutal. El petróleo ha pasado de 130 dólares a 40 dólares; la soja de 620 dólares la tonelada a 300. Países como Rusia, Malasia, Kazajstán, Venezuela, Argentina y otros, han visto reducciones del valor de sus exportaciones del 50% en los dos últimos años. De ese desequilibrio comercial se ha derivado la devaluación de las monedas. El rublo ha pasado de 35 a 80 rublos por Euro; El bolívar que todavía tenía hace un año un cambio oficial de 12 y en el mercado negro de 40, ahora cotiza a 300 con el dólar; el peso argentino, el colombiano, el ringgit malasio y el tenge kazako, por decir varios casos tienen caídas en su valor en los últimos meses superiores al 20% y la tendencia es todavía a peor.

Todos los países dependientes de este monocultivo productor verán muy importantes contracciones de sus economías; Oriente Medio y los países productores africanos verán contracciones superiores al 5% para este año y el que viene; Rusia podría caer todavía más hasta el 10% y la economía argentina y venezolana entrarán en colapso para finales de año. Brasil y México con una mayor diversificación aguantarán mejor el tirón, pero la crisis política en Brasil abre un nuevo frente de incertidumbre.

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