jueves, 17 de agosto de 2017
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Francisco R. Pastoriza. Profesor de la Universidad Complutense de Madrid

La crisis económica que comenzó en 2007 ha extendido sus tentáculos a algunos de los sectores que precisamente son más necesarios para salir de ella. Uno de esos sectores es el del periodismo, a punto de desaparecer tal y como lo hemos conocido hasta ahora. La del periodismo es una crisis que comenzó mucho antes que la económica y la de valores que padecemos actualmente, pero que se agravó con ellas.

El catedrático de la Universidad de Sevilla Ramón Reig viene anunciándola desde hace años en algunos de sus libros y ahora lanza un nuevo grito, entre la desesperación y la impotencia, en su última obra "Crisis del sistema, crisis del periodismo" (Gedisa). Para Reig el periodismo está en crisis porque ha abandonado sus principios más esenciales (y por lo tanto ha provocado el rechazo de los receptores) y porque el Poder se ha metido dentro de sus límites dando lugar, entre otras cosas, a la aparición de nuevas censuras y autocensuras.

La crisis económica ha venido a agravar esta situación influyendo negativamente en la calidad de la información al provocar la explotación de los profesionales y alumbrar la aparición de un "periodismo ciudadano" que no es más que la nueva versión de un descarado intrusismo. El periodista, víctima por lo tanto, sería el último culpable de su propia crisis: lo son las circunstancias y la estructura de intereses que lo determinan.

La estructura de la información en España

Ramón Reig es profesor de "Estructura de la información", una materia poco valorada entre los estudiantes y los profesionales del periodismo, pero cuyo conocimiento debiera ser básico tanto para unos como para otros. Entre otras cosas, en ella se explican cuáles son las relaciones de los medios de comunicación con las empresas y los intereses económicos y financieros que mantienen esos medios, cuáles sus articulaciones y alianzas nacionales e internacionales. Su conocimiento proporciona, por lo tanto, pautas para una lectura más certera de la información que vehiculan, incluidos los mensajes no periodísticos.

Ciertamente, como afirma Reig, la presencia de grandes grupos mediáticos relacionados con intereses empresariales y financieros no es sinónimo precisamente de pluralismo informativo. Ahora bien, es una exageración afirmar, como hace el profesor Reig, que ignorar las conexiones entre grandes empresas y medios de comunicación convierte a los ciudadanos en "seres humanos que vegetan y se limitan a pensar lo que le dicten" (p.182), porque eso sería aceptar que lo son el 95 por ciento de los lectores que se acercan a un kiosco a comprar el periódico cada mañana o de los espectadores de un telediario de cualquier canal de televisión, lo que equivale a decir que en el mundo (porque no se trata un fenómeno exclusivo de nuestro país) casi nadie está informado, excepto quienes conocen todas estas conexiones.

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