martes, 20 de febrero de 2018
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Redacción

Por favor, váyanse. Una carta al Reino Unido desde las tierras quemadas.

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Antonio-Carlos Pereira Menaut. Presidente de la Cátedra Jean Monnet, Universidad de Santiago de Compostela

No pretendo ser tan arrogante como para tener una opinión en un asunto que concierne sólo los británicos, a diferencia de los Sres. Obama, Merkel, Gates y otros, que disfrutan de dar lecciones a, o incluso amenazar, a la gente del Reino Unido.

Sin embargo, creo que sí puedo aportar algunas observaciones pertinentes. Como la mayoría de los españoles, soy, y de hecho siempre he sido eurófilo, así como federalista, ya que el federalismo protege a los Estados pequeños. Solía ver a la UE en términos generales como una fuerza del bien. Incluso se puede argumentar razonablemente que mi nación, Galicia, ha recibido más fondos y la ayuda de la UE que la propia España, al mismo tiempo que hay que reconocer como los costos están siendo pagados por nuestra pesca, construcción naval, ganadería y otros sectores de la economía.

Dicho esto, tras los remedios contra la crisis administrados por la UE y la troika en los últimos años, España se está convirtiendo (si me permiten una leve exageración) en una especie de tierra quemada, aunque en un grado mucho menor que Grecia o Portugal. Jóvenes médicos, arquitectos e ingenieros han dejado a España a sus cientos de miles (muchos de ellos ahora en Londres, como vi en una visita reciente), simplemente porque las medidas de austeridad sin escrúpulos han acabado con todos los puestos de trabajo dignos, con muy pocos excepciones. Ni siquiera los más optimistas esperan que el desempleo caiga por debajo del 15 por ciento en un futuro previsible. La UE, tradicionalmente un Estado amigo, podría estar mutando en enemigo. Posiblemente por primera vez en la historia reciente, el euroescepticismo está creciendo en España.

No estoy a favor del Brexit, ni en principio ni en la teoría. Si tuviera que dar un cheque en blanco para volver a arreglar los asuntos internos de la UE, mi solución ideal sería que el Reino Unido tome las riendas durante cierto período para remodelar todo este asunto. Ningún otro Estado miembro tiene la experiencia que tienen ellos de presidir una amplia asociación de naciones y pueblos de todas las razas, culturas y continentes, y de dar cabida a todos, sin imponer la uniformidad. El propio Reino Unido puede ser visto como resultado de la integración multinacional. Mi opción preferida sería que el Reino Unido siga estando, pero en lugar de estar buscando salir, asumir una función directiva. Algunos de nosotros nos gustaría pensar que otras formas de la UE podrían ser posibles. Desde el duopolio Alemania-Francia, que en la práctica parece que nos llevará a ninguna parte excepto a un mega-estado centralizado, ¿Por qué no dar una oportunidad a los británicos?

Que no cunda el pánico

Sin embargo, tal como están las cosas, hay que aceptar que el Reino Unido no ha sido capaz de jugar un papel directivo durante los últimos cuarenta años. Si la opción "Remain" hubiera ganado, esa posibilidad se habría desvanecida aún más.

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