martes, 17 de octubre de 2017
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Montserrat Termes

El agua y la economía real

Doctora en Economía Universidad de Barcelona. Asesora científico-técnica en Cetaqua

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Montserrat Termes. Doctora en Economía Universidad de Barcelona. Asesora científico-técnica en Cetaqua

En la mayoría de artículos y libros sobre el agua encontramos la afirmación que el agua es esencial para la vida. Sin embargo y aunque sea una obviedad, parece que nuestras acciones, a menudo, contradicen esta afirmación. La disponibilidad a pagar por el agua, aún y que sin agua no hay vida, es baja dada la percepción que es un recurso "infinito".

De hecho, los economistas utilizamos la idea de la disponibilidad a pagar o valor de uso que se deriva de la utilidad del uso del agua y del valor de intercambio, reflejado en el precio que pagamos y que nos daría la posibilidad de intercambiarlo por otros bienes. La razón que me lleva a introducir esta diferencia no es otra que la denominada paradoja del agua y el diamante. Aunque el agua es más útil que los diamantes (nos da la vida), pagamos un precio muy alto por los diamantes. La paradoja fue introducida ya por Nicolás Copérnico pero Adam Smith en la Riqueza de las Naciones la menciona de forma explícita. Para resolverla se introdujo la teoría de la utilidad marginal y, de ahí, la economía neoclásica que señala que lo que determina el precio de un bien no es tanto su demanda sino su utilidad marginal. Por tanto, el valor de un bien depende de ciertas circunstancias y del valor que le den los individuos, independientemente de que sea necesario para sobrevivir o no. Pero ¿Cuáles son esas circunstancias?, precisamente son la disponibilidad de recurso pero también su utilidad y su escasez. De ahí que parece oportuno reflexionar sobre el valor del agua a partir de una visión amplia que incluya su valor como patrimonio y el valor derivado de su propia existencia.

El agua se percibe como un recurso abundante y, por tanto, el valor económico del agua se ha ligado a su uso como factor productivo. El agua se utiliza en la agricultura, en la industria y en los servicios además de en la provisión del servicio urbano tanto de abastecimiento como de saneamiento. En sus características de bien público (consumo no rival y no posibilidad de exclusión) nos aporta beneficios como la recreación, el ocio, la asimilación de residuos, o sus propios valores escénicos. Así, los precios del agua en estos diferentes usos no nos dan un reflejo ajustado de su valor pero sólo nos ofrecen una guía para hacer inversiones eficientes y decisiones sobre la asignación de recursos. Por tanto, parece muy importante reconocer el valor económico del agua y evaluar los beneficios del recurso en sus diferentes usos. El agua tiene un importante papel en el crecimiento económico que se hace muy evidente en las situaciones de escasez y que nos ayuda a incorporar el valor de no uso al valor económico del agua.

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